Cuando hablemos del deporte puertorriqueño, recordemos que Aleeya Olmo se convirtió en la primera goleadora de Puerto Rico en una Copa Mundial
La euforia que vivimos con la histórica actuación de la selección nacional femenina Sub-17 de fútbol no debe quedar como un momento pasajero. Su gesta merece permanecer en la memoria colectiva y, sobre todo, recibir continuidad mediante espacios de visibilidad y reconocimiento.
Comparo este logro con las gestas de Mónica Puig y Adriana Díaz, figuras que han marcado la presencia deportiva puertorriqueña en los escenarios internacionales más importantes. Algunos podrían argumentar que los resultados no son comparables porque no se traducen en una medalla. Sin embargo, para mí comparten un elemento fundamental: representan hitos que transforman la historia deportiva del país.

Durante años se ha dicho que el fútbol en Puerto Rico está en desarrollo. Quienes hemos estado cerca de la disciplina, ya sea desde una liga o una organización deportiva, hemos visto cómo ha ido ganando terreno dentro de una sociedad tradicionalmente dominada por el béisbol, el baloncesto, el boxeo y el voleibol. Aun así, esa realidad nunca ha sido una excusa para detener el trabajo. Con aciertos y desaciertos, se han impulsado programas en toda la isla, desde las categorías menores hasta las ligas de adultos.
Por eso, el reconocimiento a la selección femenina Sub-17 debe ocupar un lugar junto a las grandes historias del deporte puertorriqueño. Al lado de Mónica Puig, primera medallista olímpica de oro de Puerto Rico, y de Adriana Díaz, máxima figura del tenis de mesa boricua y reciente ganadora de su séptimo título panamericano consecutivo.
También debe figurar junto a la selección nacional femenina de baloncesto, que ha consolidado una presencia constante en la conversación deportiva internacional, y junto a la selección nacional femenina de sóftbol, cuyos logros son el resultado de un esfuerzo colectivo construido desde las categorías Sub-15 y Sub-19.
Alcanzar los principales escenarios del deporte mundial, como una Copa Mundial de la FIFA, merece un reconocimiento especial. Más aún cuando se trata del deporte con mayor alcance global, respaldado por una federación que agrupa más países afiliados que el Comité Olímpico Internacional y las Naciones Unidas. La clasificación de Puerto Rico debe reservar un espacio entre las historias más importantes del deporte puertorriqueño, no solo del deporte femenino, sino del deporte nacional en sentido amplio.
En esa conversación también debe figurar el nombre de Aleeya Olmo. La joven futbolista se convirtió en la primera puertorriqueña en marcar goles en una Copa Mundial Sub-17 al anotar un doblete frente a Polonia. Su actuación no solo escribió una página inédita para el fútbol nacional, sino que visibilizó a Puerto Rico entre las selecciones debutantes y provocó expresiones de entusiasmo incluso entre las narradoras de la transmisión televisiva.
Olmo aportó identidad, visibilidad y esperanza al fútbol puertorriqueño y caribeño. A su corta edad, ya comparte un espacio simbólico con pioneras como Carla Cortijo en el baloncesto, Kiria Tapia y Ashlyann Lozada en el boxeo, y Gigi Vicéns en la natación, entre otras deportistas que abrieron caminos para nuevas generaciones.
Cuando hablemos del deporte puertorriqueño, recordemos que Aleeya Olmo se convirtió en la primera goleadora de Puerto Rico en una Copa Mundial. Y que, junto a sus compañeras de la selección Sub-17, nos dejó una enseñanza valiosa: los grandes logros comienzan cuando alguien se atreve a llegar donde nadie había llegado antes.


