“El objetivo de la vida, ¡la revelación! Te conviertes en un canal, te escuchas a ti mismo, te sorprendes de lo que eres capaz”,
La bruja de Portobello.
¿Cómo
estás?
Usualmente contestaba la pregunta
con mucho entusiasmo, aun en los días de tristeza, roturas amorosas o un dolor
muscular. Siempre tenía una buena contestación.
Desde el 6 de enero de 2020,
¡todo cambió! Cuesta trabajo dar una respuesta simple y que desvié la atención
del receptor sobre mi estado de ánimo. No ha sido suficiente las publicaciones
en las redes sociales para revelar cómo estoy.
Esta pregunta es parte de nuestra
rutina como seres humanos. Tiene mucho valor en lo que se llama interacción
social. Toma más valor en momentos difíciles. En la mayoría de las veces es una
traducción solidaria de “Estoy contigo”, “Estoy con tu familia” o “Estamos con
los amigos del sur”.
Para los que trabajamos en los
medios de comunicación es un pecado articularla en las entrevistas, porque se
da por sentado el estado de ánimo de su entrevistado. Pero ¿qué ocurre cuando
el entrevistado y el entrevistador son seres humanos y comparte el mismo
sentir? La regla dice que uno siente y el otro no padece.
El 31 de diciembre de 2019 había
sentido un leve temblor, pero lo pase por alto en la reunión familiar en casa de
mis padres localizada en el barrio Playa de Guayanilla. Sin embargo, desde que
sentí el sismo del Día de Reyes, la forzosa salida por mis padres de uno de los
epicentros del sur y un remate punzante con el terremoto del 7 de enero he tratado
de dar mi mejor contestación a ¿cómo estás?
La acción de responder ha sido vivir experiencias distintas, donde no se puede ocultar lo que solo se ha vivido como zona sur del país. También como individuo desde el lugar de los hechos, desde las afueras de los hechos al trasladarme a la zona del área metropolitana y con diferentes roles como hija, hermana, tía, vecina, ciudadana y puertorriqueña que tiene toda la mayor concentración de familiares de sangre en Guayanilla y Ponce, y de amiga con seres maravillosos en todos los municipios, incluyendo a Yauco, Guánica, Lajas, Peñuelas, Sabana Grande y San Germán.
Es doloroso querer dar una
respuesta que pueda transmitir “calma”. La voz te traiciona y no se vuelve
serena. Otras veces se reacciona con palabras soeces en un desespero de decirle
a la persona que quiere saber más que tú de tus sentimientos: “basta”. Ni
hablar de los que hacen competencias de “¿Los sentiste? Yo, no. Tú, ¿sí?”.
En este ejemplo, de “hablar
malo”, recibí una invitación llena de amor y fuera de juzgamiento de la una
líder de mi iglesia que conoce el amor que le tengo a Dios y de los testimonios
de mi relación con él.
“Estas haciendo una gran labor. Dios te siga guiando. Medita en Efesios 4:2 y Colosenses 3:8 que Dios te hable”.
Esta persona lleva por nombre una
de las mujeres que más amo a Dios en las Sagradas Escrituras.
¿Qué dice Efesios 4:2? “con toda
mansedumbre con tolerancia, soportando los unos a los otros en caridad”.
¿Qué dice Colosenses 3:8? “Mas
ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia,
maledicencia, palabras deshonestas de vuestra boca”.
En resumen, transformar mis
energías en vivencias de ejemplo para grado de Dios, que a su vez es en caridad
y misericordia para mis semejantes. Los que son cristianos podrán entenderlo y
en su traducción a la corriente es vivir los Cuatro Acuerdos de don Miguel
Ruiz. Sin espacio a la duda, esta fue la mayor ganancia que me llevé a mi
regreso a mi iglesia el pasado 19 de enero.
La líder me dio un recordatorio lleno
de luz que sentí su amor, empatía y comprensión, guiándome a lo que ella bien
sabe que deseo en este proceso. Ese don solo lo tienen personas especiales.
Ella y otras personas que han
estado rodeándome y he dejado estar en mi espacio de dolor saben interpretar mi
sufrimiento, mi coraje, mi frustración y mis momentos de paralización. ¡Sí, la
paralización! Es un sentimiento de impotencia, porque no está en mi control ni
en el de un ser humano detener los sismos. Los que creemos en Dios, ponemos
nuestra fe en que todo lo que ocurre es el nacimiento de algo nuevo con la
certeza de que será para bien de todos.
Los diferentes tonos de las
respuestas al ¿cómo estás?, también las he experimentado. El más difícil
es hablarle a la familia, que por sus razones de quedarse en sus hogares –
difícil de aceptar, pero veo la valentía en ellos aceptar su nueva vida –
quieren saber de la que enviaron al área metro y al mismo tiempo dejarle saber
cómo están ellos. De ambas partes, emisor y receptor, se cohíben en su sentir,
en sus palabras, en sus gestos, pero no en sus pausas, en sus silencios. Todo
es por dar un aparente “estamos bien”. Una vez los tienes físicamente se
procesa las conclusiones que conlleva este asunto lleno de incertidumbre.
Con las amistades cercanas ha
sido un río de emociones, sentimientos y ahogo en llanto. En sus palabras
encuentro el verdadero refugio de mi corazón. Soy bendecida. Han sido muchos
los que muestran su amor por los míos, por mi zona y por mí. Inclusive, pero
hacer un tour residencial para poder pernotar para no sentirme sola
físicamente. ¡A todos ellos gracias!
En la escala tercera están las
contestaciones simples y cortantes, porque sabes que por parte del que gusta
preguntar lo que quiere dar es una opinión que en muchos casos esta fuera de lugar.
Esta es la zona de peligro para la salud mental que se requiere en este
presente. Aquí entra la parte de suelto y fluyo.
Es posible que todo lo que trato
de explicar de manera simple en esta Estocada, pueda ser un reflejo de muchos
corazones que al igual que tú o yo hemos vividos. ¡Somos hermanos de sismos!
Lo que me falta por aprender
El 28 de diciembre de 2019 que se
supo de los temblores sentidos en Guayanilla, en casa de mis padres, hasta
sentirlos y vivirlos en mi propia piel y trabajar en esta nueva prueba humana
he aprendido más que los recién cumplido 40 años. Es estar en una contaste
evolución. Es la práctica de adaptarme al nuevo ser que nace. Es un estirón que
te lleva a vivir la tierra.
Solo deseo que el desenlace sea
cargar la luz de la esperanza, el descanso del cansancio y ser un ser de
mejores valores y puros sentimientos.
¿Cómo estás tú?
Pregúntatelo en el silencio y contéstate
en la intimidad. Es una dinámica que puede sanar este proceso sismológico
físico, emocional y espiritual.
¿Cómo estoy ahora?
Viviendo.
¿Qué es lo próximo?
Vivir.
Yo escojo. Tú también escoges
cómo vivir. Solo espero que este camino lo llevemos juntos hasta el final. La
opción de la vida es la única que existe.
¡Recuerda! “Y es si la tristeza
esta en conformidad con la voluntad de Dios, produce un saludable cambio de
actitud del que no hay que lamentarse; en cambio, la tristeza producida por el
mundo ocasiona la muerte”, 2 Corintios 7:10.
Escoge siempre la vida y no te
resistas al cambio de actitud.