#PURLosNuestros Desempacando

Empacar para un evento deportivo es bien fácil. La experiencia se adquiere cuando toda una vida se lleva viviendo como nómada. Todo inició en el 1992 cuando se me hizo el sueño realidad de vivir y entrenar en la Escuela Especializada en Deportes en el Albergue Olímpico en Salinas. Continuo con cientos de viajes de esgrima y sigue con las visitas a mi hogar en Guayanilla los fines de semana y con la oportunidad que se me ha brindado con la Delegación de Puerto Rico desde Veracruz 2014.

En esas maletas y mochilas se va todo lo que sea necesario, más en los tiempos de minimalismo. Es lo más sencillo y lo más fluido para la cargada agenda de trabajo.

Para mí, lo más difícil es desempacar. ¿Por qué?  Se revisa que todo lo que se trae con el miedo de no haber dejado nada. El cuestionamiento entra como protagonista de que sí todo lo que se trae es suficiente para recordar cada uno de los instantes vividos en un evento como lo fueron los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018. Dilo bajito… 87 medallas. De ellas 20 de oro, 29 de plata y 38 de bronce.

Paso revista de la ropa que llega y el estado en la que llega. Ropa sucia, ropa limpia. Mi vieja, que fue operada de emergencia durante los Juegos de una de sus rodillas, me recibe muy feliz con “tienes que lavar mucho. ¡Qué pena que no te puedo ayudar!”. Mi mirada fue de…  “¡Ay vieja, eso me corresponde a mí, aunque siempre te guste apoyarme!”. Hello! Madre deportista al fin y yo con los ojos para arriba.

Para mi mamá, desempacar mis maletas, como las de mi hermano cuando estaba en la milicia, es sentir lo que viví en los Juegos. No se de que forma … ella sabe cuán duro fue el trabajo en los Juegos, cuán productivos fueron los días y cuán cuidadosa fui con la vestimenta que nos enorgullece representar a nuestro país. Las mamás saben todo.

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Desempacando la ropa.

Otros que estaban eufóricos por desempacar mis maletas fueron mis sobrinos.  ¡Sí! Desde días antes de mi partida estaban haciendo sus promesas que se iban a portar bien para que “titi nos traiga presents”. Ellos no tuvieron que esperar a abrir mis maletas, porque saliendo por el “gate” ya Titi le tenía en la mano sus obsequios, los famosos Baqui. ¡Dolorcito de cabeza la búsqueda de los Baqui!

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Los peques recibieron su premio: Baqui.

Se los merecían. Fueron unos niños que me mantuvieron al tanto de la recuperación de mi mamá, de cómo su papá Güe los cuidaba, cómo se portaba Spiderman y de todos los momentos deportivos que se disfrutaron por la transmisión de Punto 2 y Telemundo. Estos chamacos estaban más preparados que yo. Estos peques me animaban el día con sus ocurrencias en mensajes, fotos y “voice note”.

Esa es la parte más sencilla de los difícil de desempacar.

La más nostálgica es observar los recuerdos que llegan por intercambio con seres que penetraron por 20 días las labores en Barranquilla. Por ejemplo, la gorra, la pulsera y el descansa cuello que me regaló la fajona directora de prensa de la Villa Centroamericana, Gina Aurela. Unos regalos llenos de admiración, cariño y comprensión. Gina fue una persona clave para las 37 delegaciones que vivieron en la Villa Centroamericana. Fue la persona que ayudaba con las credenciales de “day pass” para los medios y los visitantes; redactaba múltiples historias de atletas de todas las delegaciones; manejaba las crisis en la Villa (por ejemplo, la inundación en el comedor y los edificios en el primer piso tras una torrencial lluvia); estaba atenta a los pedidos de los medios para todos los países; a esto le añades los pedidos del Comité Organizador de Barranquilla; y, estar al pendiente de su hijo y su mamá. Les recomiendo la siguiente nota ¡La Villa, una experiencia inigualable!

Traer esos recuerdos en la maleta y desempacarlos es darles vuelo a todas las emociones de Barranquilla en tierra puertorriqueña.

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Los recuerdos de Barranquilla 2018.

Desempacar también significa: se acabó. Esa es la parte más difícil. Abrir las maletas y el bulto de trabajo es aceptar que un nuevo comienzo está por llegar. Es vivir el desapego de las emociones, las vivencias y de los recuerdos que penetraron desde el 15 de julio hasta el 4 de agosto de 2018. Desprenderse de todo lo vivido, para dar paso a los nuevos retos, es lo más difícil de desempacar.

Hago el proceso de desempacar muy lento, porque me lo quiero disfrutar en el silencio de mi hogar. Es donde puedo reírme pícaramente, donde puede saltarme una lágrima y dónde puedo coger las fuerzas para la próxima tarea que ponga Dios en mi camino. Sigo desempacando.

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