Columna previamente publicada en el 2012 en
la sección de Deportes para el periódico El Vocero.
“Quiero ser recordado como un jugador que dio todo lo que tenía para dar”
Roberto Clemente Walker
Entre las recompensas que se tienen en la práctica de un deporte está la disciplina, dedicación, ser llamado embajador de la Patria. Más allá está la conquista mayor, ganarse el cariño del fanático. Un apoyo demostrado con el clásico abrazo, la habitual palabra de aliento, y ahora con un mensaje en t cuenta de Facebook o Twitter.
Ese amor que obtiene el atleta automáticamente se convierte recíproco. El deportista, cuyo origen es un ser humano, decide recompensar a su seguidor con gestos caritativos, misiones poderosas, donación de tiempo para llevar alegría, transportar artículos de necesidad a países hermanos o caminar un trayecto de 90 millas.
La historia deportiva de Puerto Rico tiene un embajador que trasciende las estadísticas con bate y guante en la mano. Un hombre que llevó con orgullo su raza y su identidad nacional en la liga de béisbol profesional más prestigiosa del mundo, las Grandes Ligas. Entre sus logros están 12 selecciones a Juegos de Estrellas y la inmortalización por alcanzar el récord de los 3,000 imparables donde 10 jugadores antes que él, llegaron a la cúspide.

La semblanza de este héroe no solamente está escrita en los libros de deporte. Su legado humanitario está en hospitales, parques, escuelas, calles, monumentos, estatuas, y en los corazones de miles de ciudadanos que recibieron su apoyo. Uno de esos países fue Nicaragua.
Con tantos detalles ya sabrán de quien estoy escribiendo, nada más y nada menos que el grande Roberto Clemente. Un hombre que en su reencarnación lo tenemos en el cuerpo del comediante y animador, Raymond Arrieta.

Raymond escogió hace cuatro años caminar por los pacientes de cáncer que reciben servicios en el Hospital Oncológico en San Juan. Recuerdo que en su primer desafío lo comparaban con el gran comediante y actor de Naguabo, Ramón del Rivero alias “Dipo”. Un artista, al igual que el protagonista del personaje Doña Plinia, decidió caminar de Ponce a San Juan por la Liga Contra el Cáncer.
Así como Clemente y Diplo son admirados por ser humanistas y patriotas, Raymond también lo es. Su hazaña es este año, 2012, rompió los requisitos del Ironman. Se compromiso de vida lo lleva más allá de los personajes, su humor y animación.
Él ya no es un mero representante de Puerto Rico a través de la comedia. Su carrera filantrópica lo está llevando a dar lo que todos en el Universo nos merecemos: amor, comprensión, salud, calidad de vida y la inspiración para romper barreras dentro de las circunstancias diarias de la vida.
Raymond Arrieta, para mí eres el Roberto clemente del Oncológico. Te reconozco por ser un ente de transformación. Un hombre con un contrato de vida poderoso, arriesgado, valiente y comprometido. Eres un líder con las cualidades de un atleta olímpico y profesional. Un ser humano que porta la antorcha de luz divina que transmuta en las almas del más insensato de la tierra.

En una ocasión lo comparé con un ídolo del béisbol mundial y nacional en una columna que le dediqué en la sección de Deportes de El Vocero, Raymond Arrieta: el Roberto Clemente del Oncológico. No había personaje en la historia deportiva que más se acerque nuestro artista de Raymond y Sus Amigos que a Roberto Clemente.
Vanessa “La Sirena” García, la nadadora puertorriqueña con más participación en Juegos Olímpicos con un corazón enorme, haciendo el bien en cada uno que se le acerca para aprender a ser un nadador o una nadadora con carácter, humildad y disciplina.
Javier Culson, nuestro mejor atleta. Un ponceño que ha ganado medalla en los eventos más importantes de su carrera desde Juegos Olímpicos, Panamericanos, Centroamericanos, Mundiales, Liga Diamante, entre otros. Como Javi, tienes la fuerza de levantarte de las grandes enseñanzas de la vida y ser arropado por el amor de todo un pueblo.
Jaime Espinal, nuestro olímpico humanitario. Es el luchador que deja de ser de él para otros. Sus energías se recargan haciendo el bien sin mirar a quien. Es el medallista símbolo de la caridad, la bondad y la generosidad.
Brian Afanador, el tenimesista que resplandece desde cualquier parte del mundo. Una raqueta pionera, soñadora y que abrió paso a todo lo que se ha realizado en el tenis de mesa nacional. Raymond, Brian fue soñador como tú y hoy, no solo vive su sueño, sino encamina las metas de otros tenimesistas a ser buenos seres humanos, buenos hijos, buenos patriotas y buenos deportistas. Tú eres una de las personas que el admira y quiere ser como tú.
Miguel Cotto, nuestro campeón mundial. Su timidez lo llevó a hablar con guantes de oro. Hizo una carrera rodeado de una familia que lo gozó en sus grandes victorias y lo protegió en sus derrotas. Su familia fue el motivo por el cual enganchó sus guantes para disfrutarse el resto de sus días. Para ti, tu familia ha gozado, ha disfrutado y también han doblado rodillas pidiendo protección y salud para que llegues a tu destino en nueve caminatas y esta, la décima, no será la excepción.
Franklin Gómez, es nuestro luchador olímpico y mundialista que lucha por las injusticias. Un luchador que lleva en su palabra la predicación de lo grande que es Dios y como sostiene el alma de sus hijos en los momentos más difíciles. Raymond, al igual que Franklin, no das tregua al cansancio, sino te renuevas en la oración para seguir Dando Vida.
“El olimpismo es una filosofía de la vida, que exalta y combina en un conjunto armónico las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu. Al asociar el deporte con la cultura y la formación, el olimpismo se propone crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del bueno ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales universales”.