Ay ya yoh ayayayaya yoh
Ay, ¿pa’ qué me invitan?
Ay ya yoh ayayayaya yoh
Ay ya yoh ayayayaya yoh
Ay, ¿pa’ qué me invitan?
Ay ya yoh ayayayaya yoh
Si saben cómo me pongo…
Pero si saben cómo me pongo cuando yo tomo,
¿pa’ qué me invitan?, ¿pa’ qué me invitan?, ¿pa’ qué?
Si ustedes saben cómo me pongo cuando yo tomo,
¿pa’ qué me invitan?, ¿pa’ qué me invitan?
¿Recuerdan? Es parte de la canción de Jencarlos y Charly Black.
¿Te cuento?
Pues sigo, porque quieres seguir leyendo.
Ya casi se cumplen 72 horas de uno de tantos sucesos en un programa de análisis en el país que juega bien dura la pelota.
No quise reaccionar al momento. Me autoimpuse el regulador de emociones para dar lo que nadie me ha pedido: mis dos centavos. Y los doy porque entiendo que tengo un chin de experiencia en la materia, ya que todavía sigo aprendiendo con sucesos como estos.
Vi el careo. Uno más de los que se han llevado a cabo en hora prime time. Soy consumidora de este producto, porque marca pauta y lo ven miles largos de televidentes, votantes y compañías con control del consumo del país.
Un foro que es buenísimo para llamar la atención, como lo hizo el invitado. Fue estratégico y puntual. Una vez más, no refina ni siquiera en un espacio que trabaja por mantener su credibilidad ante los sucesos del país. Por tanto:
“¿Pa’ qué me invitan, pa’ qué me invitan, pa’ qué…?
Si ustedes saben cómo me pongo…”
Inclusive, había una red flag
que salió recientemente de un panelista en un vlog o “podcast” que comparten juntos, haciendo un llamado —en una de sus reflexiones a las que ya nos tiene acostumbrados— a la cordura, y a no usar como gatillo todos los pensamientos que vienen a la mente.
Pero… es lo que apasiona a este país. Es su estilo. Todo el país lo conoce. ¿Acaso no hacen el ejercicio de consumirlo 10 minutos?
Mi gente, en el oficio de los medios se debe tocar base con la mayoría del contenido.
Si es invitado, la casa corre con el riesgo de que todo, TODO, puede suceder en la “charla afectiva”. Por tanto, era vital aplicar mesura, cordura, elegancia… como la han tenido en peores careos. Uno de ellos, y más reciente, fue sobre la aprobación del proyecto de libertad religiosa. Ese careo sí estuvo fuerte, fuerte… fuertísimo. Nadie botó a nadie.
Es bueno defenderse con el poder mediático. Pero… no se diferencia mucho de lo que nuestros políticos hacen en las redes.
Alguien tiene que ceder, y ese debe ser el sabio. ¿Quién es el sabio?
Fue un mal día para el programa, no para el invitado. El invitado bateó la recta por el centro del plato y después dejó caer el bate.
Si buscan expertos en la materia, existimos muchos que, por likes, shares o views, no somos invitados, porque es más la sabiduría que las estadísticas en redes sociales. Este caso es un buen ejemplo de estudio en tiempos modernos de medios-influencers-expertos-deportes.
Puedo incluir más palabras de investigación: ética–deporte–sociología–psicología.
El diario del deporte: los que estamos en el terreno, en el verdadero calentón —que va desde la construcción de la idea, la creación del proyecto, la reglamentación, la búsqueda de presupuesto, la educación sobre el proyecto, hasta convertirlo en realidad— SABEMOS que existe el riesgo de la violencia.
¿Qué se hace para minimizarlo? Un plan de mitigación proactivo, no reactivo. Un plan de manejo de crisis mediático, entre otros.
Va a haber un momento, como se dice en astrología, en que cuando los planetas están retrógrados, el bolazo va a venir… para el aprendizaje.
Así que, todos aprendemos de esta situación. Todos somos vulnerables a sufrir un episodio como este en los medios.
Existen otros tipos de violencia en el deporte, que no es a la que hago referencia aquí, pero que sí generan noticia y sin corroboración de información. Por ejemplo, achacar declaraciones a fuentes equivocadas por un chisme mal contado.
Este último ejemplo lo dejo ahí. Será para contar en una próxima #Estocada.
Recuerda: no a la violencia en la cancha ni en los medios.
¿Difícil? ¿Verdad? Ahí le vamos… con dos centavos.
