Reseña: «Todo o nada, Valentina»


“ – Apuñalar a la gente por diversión

                  Deja de ser divertido

Cuando hay árbitros 

Y marcadores

Y rankings involucrados.”

Estas palabras son más filosas que la misma espada de una persona esgrimista.  Es una confesión contundente en “Todo o nada, Valentina”.  Es el personaje “ficticio” que crea la otrora autora puertorriqueña Andrea Beatriz Arango en su más reciente obra escrita en versos. 

Pongo la palabra “ficticio” entre comillas, porque para los lectores que fuimos esgrimistas nos veremos en varios espejos que presenta Valentina, con una historia conmovedora y de superación. Podrá ser que no te veas en ella, pero sí en los demás personajes que hacen de esta lectura una reflexión profunda más allá de la espada. 

Valentina es una joven que tiene una capacidad de introspección increíble. Sabe describir su pasión por la esgrima. Desde la importancia que tiene sus entrenamientos y la desesperación que produce faltar a ellos. No obstante, esa responsabilidad se puede volver compulsiva, nublar los pensamientos y cuestionar todo lo que un día ya no podrá ser de la manera planeada. ¡Todo se va fuera de su control! Pero, nunca se da por vencida. 

Existen sucesos en la vida de una persona esgrimista – aplicable a cualquier deportista – que te sacan de la carrera, por ejemplo, un accidente. Pasa de todo en este proceso. Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Yo le añadiría, la transformación, ya que lo que no pudo ser se transforma para que pueda darse. Ahí está la enseñanza de Valentina. Para ella es todo o nada, no deja nada “in-between”.  

Mientras te adentras en el drama de la adolescente, no te libras de la estocada que ejecuta a la perfección cada etapa. Con su narrativa, Valentina provoca nuevas percepciones de lo que un día solo fue entrenar y competir. ¡Sí, nuevas percepciones! Porque a lo largo de una carrera deportiva la concentración está en entrenar, competir y ser el mejor. 

A su corta edad, la espadista te centra en la importancia de la psicología, que involucra los roles de la familia – papá, mamá y hermano -, los roles de las personas del club – entrenador, compañeras de equipo y amigas – y el rol de los especialistas en medicina deportiva. 

Las experiencias subcutáneas también están incluidas. Aquí una muy tradicional de la esgrima:

“Luis Miguel siempre ha dicho que

los combates de esgrima suenan muy enojados, 

huelen fatal, 

como el sudor mezclado con el sonido del estrés”.

Estas líneas me transportan a esa vida extraordinaria que tuve desde 1993-2008 con mínimos periodos de descanso. Ese contacto fue volviéndose espontáneo. Cuando me doy la oportunidad de extrañarla, me cuelo por un espacio esgrimístico para recordarlo y agradecerle el tiempo de vida que me dio. 

Bueno, no se trata de mí, se trata de Valentina. Regreso a su historia que es atemperada a los momentos actuales con el conflicto de lo que es permisible y no lo es en el deporte.

 Aquí otras cosas que puede descubrir al ritmo del desplazamiento por la pista de esgrima: el lenguaje rutinario de la generación con explicaciones como “o me haga ghosting”; la lucha de ella con las demostraciones de amor de su familia; la presión intrínseca que genera el deporte; las típicas controversias que se dan por esa ciencia, mejor conocida como, la  chismología; el síndrome del impostor;   la terapia juvenil; la confianza; lo que se hace por diversión y lo que ya no es por diversión se convierte en un problema; y qué conlleva la construcción de una relación. 

Con toda intención quise dejar para lo último la mayor lección de la historia: la superación. Una persona esgrimista buscará sacar su mejor estrategia para dar su mejor estocada. Así fue Valentina en “Todo o nada”. 

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